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lunes, 4 de julio de 2011

Divagando en madrugada

3:05 am tengo sueño y no puedo conseguir que mis párpados cierren, ni que mi mente sueñe. Hace tiempo que no sueño dormida, casi siempre me regresan al mundo mientras vuelo despierta. Mañana o mejor dicho hoy saldré de viaje, con mis viejos. Mis abuelos se ven cada vez más grandes los años ya se les notan; ayer no escuché el piano de junto, sólo vi las partituras en el suelo de la calle; la lluvia la lavó como hace mucho no lo hacía.
¿Hacer? hacer qué, ¿el amor? no lo conozco, ¿conocer a quién? al extraño; hace mucho que no lo veo, falta su presencia.
Divago. Hoy saldré de viaje, no consigo no pensar y no escribir, ya hasta las lámparas están dormidas, y yo musitando tonterías.

viernes, 1 de julio de 2011

Nubes reprimidas

Hoy las nubes bajaron más que de costumbre, casi las alcanzo, pero un repentino viento me las arrebató sin decir agua va y no llovió; unas horas antes habían tenido un accidente estrepitoso allá arriba, la que tenía forma de león atacó al payaso con cuerpo de caja, luego un albatros gigante se los comió tan repentinamente que por poco y se atraganta con un corazón mal trecho, ése me dio tristeza porque se veía que no tenía remedio.
Mis vecinas salían de vez en vez y le echaban un ojo al cielo, entre salida y salida le decían a sus chiquillos se metieran porque la lluvia se acercaba peligrosamente, pero ellos como que ni las oían. De pronto y sin avisar un globo grandísimo se trago animales, personajes y cosas, hasta rugió y sacó chispas, una, otra y otra vez, parecía ser que ni todas las nubecillas juntas le quitarían el hambre, se expandía tras comerse algo a su paso, lo deformaba y digería de manera extraordinaria, la boca del estómago cubrió la ciudad de gris, todo se vislumbraba lúgubre.
Me llegué asustar un momento, pero me gustaba la sensación, esperé con ansias el suceso y para nada, un repentino viento se las llevó, sin decir agua va y no llovió.

martes, 13 de octubre de 2009

y que la vida sigue...


Y pues sí... vaya que un día hace... un tiempo algo pasado creo yo, alguien me dijo que despues de caerme siempre debo levantarme y seguir, aún y cuando duela mucho, incluso si sangraba un poco o por poco me pudiera desangrar, quién lo sabe más que el que se ha caido tantas veces -qué chiste tiene- me dije, yo sé lo que es caerse, por qué entretenerse, me he caido ya tantas veces, cada vez se siente menos feo o por lo menos eso digo yo. Conforme ha pasado el tiempo quizá si porque me he vuelto más débil o no se que cosa pasó, pero, un día de esos en que uno cree que todo está tan feo, pero tan féo que no quieres salir de la cama, y miren que éste, no es un buen escondite (pues siempre termino saliendo con el cabello como el de una bruja y con mi madre gritando me vaya a la escuela porque se me a hecho tarde), pero bueno, nunca está demás quedarse a esperar no se qué. Esé día del que les estaba platicando, resulta de que todo me sucedió: cuando me dirigía al baño me di tremendo golpe en el dedo pequeño del pie con la esquina del escalón, me entro jabón en los ojos, antes de haberme metido al agua, mi ropa limpia no estaba seca, mi chocolate se derramó en mi mochila, el coche se descompuso, el camión se tardó y mi profesor no llegó a clase, eso quiere decir que no valió de nada tanta estupidez, ¿que hacer ante esos casos?... sugiero que no deberian comenzar por donde yo.
Despúes de saber que mi profesor no impartiría la clase, hice lo que todo estudiante hace cuando algo semejante le ocurre... Regresar a casa, hacer todos los deberes atrasados y leer toda la tarde. -¡Claro! y ya sé hablar alemán- (bueno aunque supongo que alguien si lo hizo) en fin, decidimos ir a vagar por la ciudad, beber una, dos o tres cervezas y regresar a casa a terminar porfín los deberes; así fué, bebi dos, que tres, que cuatro cervezas y regresé a casa, no habia nadie y mi habitación estaba igual que siempre, con las ventanas abiertas, las toallas mojadas en el piso, la cama destendida y un leve olor a incienso y los muchos vasos con algo de café que mi madre deja por la mañana cuando llega a despedirse y prender mi luz abruptamente. Ahí estaba, contemplando mi cuarto, cuándo ya no pude soportar más y mis manos se pusieron como desesperadas a arreglar el desorden. Recién terminé me dí cuenta de que no estaban ni mi computadora, ni mi ipod, ni mi grabadora, ni mi dinero, ni esas cosas que para mi son indispensables, yo bien sabía donde estaban, (mi papá debía haber tomado la grabadora y el ipod y mi madre la computadora y el dinero) a pesar de que eso me enfuresía, seguí moviendome, el enojo no se iba y aún no queria hacer lo que de verdad tenía que, así me dispuse a ponerme mi ropa de correr y salí por la puerta que parece de enanos, cerrándola de golpe, corrí, corrí, corrí hasta que ya no pude, regresé trotando y con los ánimos calmados. En cuánto entré solo pude escuchar que alguien gritaba y el portaso de una puerta tronó como un bala de cañón; la casa era un caos, el coche no funciona, no eres capáz de llegar a una hora decente, etc... y ya conocen la típica historia, saludé como si nada pasara, dije que tenía muchísima tarea y me encerré con otro portazo; nada ocurrió, un padre loco, raro y enfurecido salió de la casa; una madre se quedo gritando desde la puerta, y yo, sentada en la silla de rueditas que convina con mi escritorio azul.
Nunca entendí eso de caerme y levantarme hasta que mi vida parecia rodearse de dolor, raspones, cortadas profundas y moretes que no se van hasta después de un largo tiempo. Sí, hasta esos días en que ya no le dí importancia a las caidas y sólo me levantaba, sacudía un poco, les ponía un poco de alcohol a las heridas más abiertas y seguía caminando o corriendo según fuera la ocación.