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martes, 20 de septiembre de 2011

despidiendo

Las palabras imploraban, gritaban que te fueras, -insane, bastard- no dejaba de repetir mientras tomaba mis cosas, lo que era nuestro dejó de serlo cuando tu olor era el de otra; me apresuré a alcanzar una puerta que no podía cruzar sin mirarte por ultima vez, en vano dije que ya no te podía amar más, te quise como nunca, necesitaba huir, la cerradura no giraba, mi mano no dio vuelta cuando podía, en tanto mi tardanza y titubeo, un cuerpo, su cuerpo me arrinconó, se abalanzó para atacar, perdí, fuerza bruta, encantadores ojos, palabras crueles.
Como nunca me poseyó, mis piernas que ya eran débiles se quebraron entre botón y botón, aquella sensación fue tan superior, sólo pude respirar profundo, no gritar, los gemidos acallados con manos sudadas, los ojos desorbitados, los cuerpos poseídos,
Una y otra y otra y otra ves, querías hablar mientras me pasabas tu saliva, las escaleras inconformes te sirvieron de soporte; la estufa, el cuadró sobre el sillón, saludaron mis nalgas. Cuando te veía disfrutar, no podía más que taparte la cara, decirte cobarde, estirarte el cabello, sentir un temblor, seguir.
Quisiste parar y yo, aunque por demás cansada, te quería adentro, para según, dejarte ir, sin tener un solo recuerdo de palabras, recordar tu respiración agitada, tus pies estirándose a punto de calambre.
Las lágrimas, recuerdo las lágrimas que te bebiste, las que en ves de saldas te sabían a acidez, esas que se mezclaron con sudor y baba, las que tuviste oportunidad de saborear, de verlas salir desesperadamente, de hacerlas bajar.
Entre sudor, sábanas y el cuarto desordenado, me despedí con un beso húmedo que me guardé y bebí para no perderlo jamás,

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