Abrí mis brazos al viento
me susurró
le reclamé
Se detuvo y huyó.
Callé mis labios, mi mente,
volvió sigiloso,
no moví un dedo
Me sedujo y dormí profundo.
Ahí interminables fueron sus caricias
Con tiento sostenía el miedo
Regalaba sonrisas aveces
Cuando no le veía
El viento, sí. Ese miserable
Forastero y promiscuo
No vale la pena reclamarle
Cambiará su dirección mañana.
