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martes, 20 de diciembre de 2011

una entrada torpe con un toque de casualidad en camino

Paso el día pensando en una nueva manera de no pensarte, sólo locas ideas vienen y van pero me veo atrapada en las mismas imágenes cerebrales que no hacen más que atormentar a mi corazón de por sí dañado. El espejo retrovisor me ha engañado más de un par de veces, es tan predecible mi mirada, en menos de dos giros, ya estoy torcida de medio cuerpo mientras busco tu cara tras el volante con el coche idéntico al tuyo, pero no eres tú, nunca eres tu.
De noche virando para tomar el camino largo de vuelta a casa, veo un coche parecido al tuyo, las copas que llevo en mi estómago, ya no me permiten buscarte. Mi sorpresa es que me haces señales con el cambio de luces, me orillo no porque piense en ti, sino porque he creído que eras uno de esos policías aprovechados de los viernes, que sólo buscan a alguien más para quitar el dinero de sus carteras y amedrentar con amenazas idiotas.
Esta ocasión el que bajó del auto, para mi sorpresa, fuiste tú, con la cara de intriga, la ropa desaliñada, pero tan atractivo como te he visto desde los últimos meses; pregunta tonta la que me hiciste, no podía ir a otro lugar que no fuera mi casa, es la 1 de la mañana, no tengo otro lugar a donde ir.
Me invitaste a beber, accedí, te segui, paramos en el aparcamiento de tu humilde y cálida casa, todo estaba dispuesto para no regresar a mi cama esta noche. Bajando del auto sentí unas manos cálidas sujetando mi cintura, tras un jaloneo peculiar y una vuelta abrupta termine con el coche como mi respaldo.
Besos, caricias, un poco de compartir saliva, un tanto más de curiosidad con las manos, me dejé llevar hasta que sentí frío, el aire chocó con mis muslos descubiertos, la falda a cuadros estaba levantada y la blusa tenía una entrada nueva por la zona de los senos.
Entre lo frío del clima y el calor del cuerpo no podía sino reaccionar con un cuerpo tembloroso y torpe, me dejaba guiar, en medio de un estacionamiento oscuro y frío conocía muchas curvas en tu cuerpo, lo bellos daban una hilarante sensación a mis manos, hasta que bajé para encontrarnos en el punto medio de los botones y los cierres.
Ahí en el punto intermedio cerca del ombligo, las manos se encontraron, juguetearon, se reconocían; falanges, arrugas, mis uñas largas y las tuyas roídas, esa noche nuestras manos hicieron el amor, no sólo fue sexo casual, cada rincón fue arremetido, explorado, nosotros no queríamos ser descorteces y continuamos con los besos, pero las manos se acariciaron, se buscaron, se amaron.