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lunes, 22 de agosto de 2011

Senderos

Correr, entre tanto, se volvió necesario, el viento revolvía el leve cabello colgante de su frente, se mojaba con la gotas de sudor corridas desde el cráneo hasta caer por debajo de las orejas, algo más placentero que correr era intentar seguirle los pasos en vano, muchos buscando acompañarle se rendían y quedaban en mitad del camino.
El recorrido era incierto, empezaba en el lago, pasaba por el centro; cuando andaba por las calles principales, el chico del periódico, el restaurantero y los comensales, los curiosos y otros tantos seguían hasta donde alcanzaban con la mirada aquellas piernas imparables, quemadas por el sol, las curvas necesarias para que la parte alta del chamorro se endureciera por completo.
Un tanto bajo de estatura y unos brazos flacos pero torneados se confundían con el claro de la mañana reflejado en sus lentes obscuros y gruesos. Terminado de recorrer la zona céntrica, un largo sendero de cedros acompañaban la respiración apenas agitada del atleta, ocho o nueve kilómetros antes de llegar un rancho abandonado, aceleraba el paso, cuando se encontraba casi en la entrada su cabeza giraba abruptamente, agua bajaba por debajo de los lentes y sus pantorrillas se contraen y como si algo explotara, las piernas se mueven a un ritmo casi imperceptible.
Unas hectáreas adentro de la senda cerca de una pequeña caída de agua, la rapidez se detenía por unos instantes, el cuerpo por demás empapado se desprendía de la ropa, el cuerpo cómo poseído se arrojaba a aquella humedad, sólo por unos minutos de frescura, los ojos ocultos bajo la oscuridad se perciben amielados, tristes, rojos, cansados, el vigoroso cuerpo se hace débil y la cara se hunde por instantes para que las lágrimas no se vean más prominentes que el sudor.

jueves, 4 de agosto de 2011

tan lejos


Estoy aquí y me siento tan lejos, hay entradas y salidas pero no hay manera de ir a ningún lugar. Hoy las sombras me acompañaron mejor que ellos, ni siquiera sé por qué los espero despierta, si al final también se cansaron de mi, quién está dispuesto a luchar por recuperar la duda, la existencia. Sentencio al silencio con hablar, lo más que logro es dejarlo huir con un profundo y desolador suspiro.
Cada día fuera de tu vida me ha servido para darme cuenta de que por ahora yo me puedo valer por mi, en tu lugar ya nadie grita como si todos a su al rededor fueran sordos.
Tal ves algún día pueda comprender que soy de las que no tienen compañía, que una casa sola es mejor que con cien voces parloteando sin decir algo.
Me arraigo a la idea de ser compatible con los que día a día me dicen que hacer, sin embargo ya todo está hecho.
Ellos aquí, yo todavía más cerca que de costumbre. Ellos aquí procurando ser buenos, procurando estar, ¿será ya muy tarde?

Aquí yo, ellos donde yo nos los vea para no hacer falsos efectos.